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CON LA SEGURIDAD POR HORIZONTE, BRINDAMOS POR UN AÑO QUE NOS ACERQUE AL MEJOR DE LOS PUERTOS: EL DE LA PAZ, LA TOLERANCIA Y LA CONVIVENCIA.

31 de mar. de 2008

Sobre el "Paro Agrario"

No he mandado mensajes de texto a la radio para manifestarme porque nunca he opinado anónimamente. Tampoco me pareció oportuno decir nada a través de tres o cuatro palabras, porque la situación merece un análisis serio.
Para empezar, quiero decir que hasta hace unas semanas nomás yo escuchaba decir a cualquiera que se cruzara, que los gringos sojeros juntan la plata a paladas, que nos han destruido el medio ambiente con el desmonte indiscriminado de la flora nativa, el agotamiento de los campos a corto plazo, la desaparición de pájaros, abejas, mariposas, flores y plantas de la zona por las fumigaciones, que envenenan los cursos de agua y mataron peces y ranas porque lavan los bidones y aparatos de fumigar en los arroyos y tajamares, que han dejado secuelas irreversibles en personas por contacto con agroquímicos: niños nacidos con deficiencias y deformaciones, madres que pierden embarazos, padres infértiles, familias enteras con alergias respiratorias y cutáneas por envenenamiento progresivo, gallinas, vacas, perros y caballos muertos porque fueron alcanzados por la llovizna venenosa de los aviones que cruzan sin cortar el riego mortal por sobre viviendas, escuelas, huertas familiares, gallineros o corrales.
He escuchado decir hasta ayer nomás que, como cobran en dólares, compran viviendas y terrenos en Tala que, por culpa de ellos, se han vuelto inalcanzables en su costo para cualquier empleado de por acá, y que todos pagamos las consecuencias porque no se consigue dónde vivir. Que tenemos que pagar fletes y sobreprecios de frutas y verduras, porque los negocios y mercados traen las papas de Buenos Aires, la lechuga de Salta, la cebolla y las chauchas de no sé qué provincia, porque nadie planta acá verduras y hasta los árboles y cítricos, las flores y plantines deben comprarse en otra provincia y pagar lo que se le ocurra al comerciante porque acá no es rentable producirlos. Que la carne y el pollo de por acá se exporta, o se mueren las vacas cuando se inundan las islas porque fueron largadas allí ya que los campos donde tenían pasturas fueron arrendados por sus dueños a los que plantan soja. Y que la res vacuna y el pollo eviscerado nos cuesta un ojo de la cara porque vienen de frigoríficos lejanos. Que debemos vivir controlando los informes del servicio meteorológico porque si llueve en La Pampa sube la verdura que nos traen de allá, si se inunda Santa Fe nos quedamos sin legumbres, si nieva en las serranías pagamos a precio de oro las frutas, o las papas, o el morrón…y así hasta el infinito.
De golpe cambia el viento y “todos somos el campo”, “defendamos a nuestros sufridos productores”, “nadie vive si no es de lo que el campo brinda”, “apoyemos a nuestra familia campesina”…¿¿Quién tiene la razón?? ¿A quién escucho? ¿Cómo me arreglo yo para definir entre dos posiciones tan disímiles que, en cuestión de unos días debo evaluar y comprender?.
Me dedico entonces a analizar, y saco mis propias conclusiones. Y, equivocada o no, a la vista de lo que leo, escucho y vivo, deduzco lo siguiente:
-Que el largo feriado de Semana Santa terminó en pesadilla para miles de argentinos que con sus familias vieron cortado su regreso por piquetes de productores agrarios, los mismos que tantas veces se pelearon con otros piqueteros que les cortaron el paso en Puente Pueyrredón y no los dejaron llegar a sus destinos.
-Que los tomates que se le pudrieron al sol al señor del camión en Ruta 14 y las peras machucadas por el calor y la espera del señor de la camioneta con toldo en Ruta 9, tras cuatro días de estar parados, dejaron a mi almacenero sin tomates y sin peras y que, cuando lleguen los nuevos camiones, los frutos van a costar más caros…porque todos tienen que recuperar lo que perdieron.
- Que me enseñaron, como a mis hermanos, que con la comida no se juega, y mis nietos vieron cómo corría la leche de un camión sobre la ruta, cómo los autos pasaban aplastando una alfombra de naranjas y un enjambre de moscas se adueñaba de las medias reses intactas apiladas en el medio del asfalto…sabiendo que la leche, las frutas y la carne van a faltar hasta en los comedores de la Escuela.
-Que cuando los empleados cobrábamos en Federales y hacíamos paro, ninguno de los que cobraban en Pesos, en Lecops o en Dólares acompañó nuestra medida; antes bien, nos cortaron el fiado, o nos subvaluaron el Federal, de tal manera que terminamos pagando tres veces el mismo artículo.
-Que tengo que comer granos de choclo envasados en plástico, remolachas en rodajas de latas, frutas pintadas, fumigadas y sin gusto, pollos inflados de agua y hormonas, bebidas y calditos con aditivos y conservantes porque nadie cría, ni siembra, ni vende, ni cosecha nada de lo que como, en Tala o sus alrededores…porque ya no es rentable.
- Que no hace tanto tiempo vi regalar bolsas de semillas de soja y hasta nos enseñaron a cocinar maravillosos y exquisitos platos con la milagrosa especie que salvaría al mundo en el futuro con su valiosa carga de proteína…cuando ya no quedaran vacas (cuya carne hace subir el ácido úrico), huevos (que favorecen el colesterol), verduras (a las que les faltan no sé qué ingredientes que perjudican con su ausencia la salud de los vegetarianos) ni frutas (cuyos azúcares subirían mi glucemia en sangre y terminarían arruinando mi vida)… ¡Menos mal que no llegó a gustarnos el sabor de la soja! ¡Vaya mercado interno que hoy tendrían! Como no nos gustó, tuvieron que exportarla…y cuando ya todos creíamos que esa aventura terminaba…la exportación trajo los dólares, y los dólares la necesidad de sacrificar montes, arroyos, enjambres y ganados para disponer de todo el campo del departamento para el monocultivo.
Los docentes hicimos muchos paros por sueldos miserables pero también por salud para todos, mejores condiciones y mejor educación para los chicos…y casi siempre nos dejaron solos. Los alumnos no nos oyeron insultar autoridades, bloquear caminos, rayar frentes de edificios ni contaminar el medio ambiente con alimentos pudriéndose en la ruta y gomas quemándose en las banquinas…mientras nosotras…¡siempre ingenuas! los hacemos juntar las pilas de linterna y las botellas de gaseosa para no arruinar el planeta.
Hay demasiadas cosas para seguir analizando, pero no quiero demonizar a la soja, ni a los terratenientes rápidamente enriquecidos, ni a todo el que me obliga a comer lo que les conviene vender y prescindir de lo que no es rentable, ni hablar mal de la gente cuyo único órgano vital sensible es el propio bolsillo.
Sólo quiero decir que lo peor que vi y escuché en estos 15 días fue la voz de los manifestantes en la Quinta de Olivos cantando, a pocas horas del 24 de marzo “que se vaya Cristina, que se vaya”. ¡Qué horror! ¡Qué sensación espantosa de peligro inminente, de tambaleo institucional, de ignorancia supina, de retroceso aterrador e incomprensible! ¿Es que, definitivamente, jamás aprenderemos a convivir en paz y a disfrutar unidos los beneficios de la libertad, la generosidad y el patriotismo?
O será que, para colmo de males (y ya hablando, porque de moda está, de “violencia de género”), ni los varones ni un montón de mujeres le perdona a Cristina Fernández que, además de MUJER y PRESIDENTA, sea HERMOSA y, para completarla, INTELIGENTE ¿?.


Por: Graciela Grimaux

DNI 6.381.362

Rosario del Tala- Entre Ríos

Docente Jubilada

Concejal Vecinalista

ARTISTAS POR LA PAZ

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